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Mi viaje en el Rochester School: La inmersión de un profesor de inglés del mundo real en la Teoría de la elección

Por Saliou Kadji


Asumir el rol de profesor de inglés del mundo real en el Rochester School en Chía, Cundinamarca, lo he sentido más como un salto emocionante que como un avance profesional (que indudablemente lo es); sin embargo, ha sido un poco intimidante este salto hacia lo desconocido. El enfoque pedagógico único de la escuela, profundamente arraigado en la Teoría de la Elección, se me presentó de inmediato como un desafío fascinante, transformándome en muchos sentidos en un estudiante perpetuo.


Mi experiencia previa, aunque valiosa, no me había preparado para el cambio total de perspectiva que se requería aquí. La Teoría de la Elección, con su énfasis en la autonomía del estudiante, la motivación intrínseca y la satisfacción de las necesidades humanas básicas, implicaba renunciar al control tradicional centrado en el docente. De repente, mi rol no consistía más en transmitir información, sino en facilitar un entorno en el que los estudiantes eligieran activamente aprender.


Al principio, esto se sintió como navegar por territorio desconocido. Me encontré cuestionando mis prácticas de enseñanza establecidas y luchando por encontrar la manera de guiar a mis estudiantes sin dictar su camino de aprendizaje. El concepto de “mundos de calidad”, donde los estudiantes definen lo que es importante para ellos, me llevó a comprender profundamente las motivaciones individuales de cada uno. En lugar de depender de planes de clase rígidos, fue necesario convertirme en un maestro de la flexibilidad, adaptándome a las necesidades y los intereses cambiantes de los estudiantes.


El mayor desafío ha sido ajustarme a la naturaleza abierta del proceso de aprendizaje. Estaba acostumbrado a resultados estructurados y medibles. Aquí, el éxito se mide a través del compromiso de los estudiantes, la autoevaluación y el desarrollo de la responsabilidad personal. Esto requiere un cambio fundamental en mi mentalidad: pasar de enfocarme en la transmisión de contenidos a fomentar un sentido de pertenencia y responsabilidad en el aprendizaje de los estudiantes.


Me siento como un profesor-estudiante porque todo lo que creía saber está siendo desafiado y transformado. Cada día presenta una nueva curva de aprendizaje, una nueva oportunidad para perfeccionar mi comprensión de la Teoría de la Elección en acción. Debo aprender a confiar en el proceso y a creer en la capacidad de los estudiantes para tomar decisiones informadas sobre su educación.


De igual forma, este período de intensa adaptación ha sido increíblemente gratificante. La retroalimentación constante que recibo de mis colegas y estudiantes ha sido invaluable. Es un testimonio del compromiso del Rochester School con la mejora continua y el desarrollo profesional. Cada sugerencia y cada observación alimentan mi deseo de aprender más y convertirme en un educador más efectivo dentro de este marco único.


He aprendido que enseñar no se trata solo de impartir conocimientos, sino de crear un espacio donde los estudiantes se sientan seguros, valorados y empoderados para explorar su potencial. La Teoría de la Elección me ha mostrado el poder de la autonomía estudiantil y el impacto transformador de fomentar la motivación intrínseca. Aunque la adaptación inicial fue un reto, estoy agradecido por la oportunidad de crecer y evolucionar como educador.


El Rochester School no solo ha ampliado mi comprensión de la enseñanza, sino que también ha profundizado mi aprecio por el aprendizaje centrado en el estudiante. Estoy emocionado por seguir aprendiendo y contribuyendo a este inspirador entorno educativo, una elección a la vez.


 

A Real-World English Teacher's Immersion into Choice Theory: My Journey at Rochester School


Por Saliou Kadji


Stepping into the role of a Real-World English teacher at Rochester School in Chía, Cundinamarca, felt more like a thrilling, albeit slightly daunting, leap into the unknown than a career progression. The school's unique pedagogical approach, deeply rooted in Choice Theory, immediately presented a fascinating challenge, transforming me in many ways into a perpetual student.


My previous experience, while valuable, hadn't prepared me for the complete shift in perspective required here. Choice Theory, with its emphasis on student autonomy, intrinsic motivation, and satisfying basic human needs, meant relinquishing traditional teacher-centered control. Suddenly, my role isn't about delivering information; it is about facilitating an environment where students actively choose to learn. Initially, this felt like navigating uncharted territory. I found myself questioning my established teaching practices, wrestling with how to guide students without dictating their learning path. The concept of 'quality worlds,' where students define what's important to them, forced me to deeply understand each student's individual motivations. Instead of relying on rigid lesson plans, I have to become a master of flexibility, adapting to the students' and their evolving needs and interests.


The most significant hurdle is adjusting to the open-ended nature of the learning process. I was accustomed to structured outcomes and measurable results. Here, success is measured by student engagement, self-evaluation, and the development of personal responsibility. This requires a fundamental shift in my mindset, from focusing on content delivery to fostering a sense of ownership in the students' learning journeys. I feel like a teacher-student because everything I thought I knew is being challenged and expanded. Every day presents a new learning curve, a new opportunity to refine my understanding of Choice Theory in action. I must learn to trust the process and believe in the students' ability to make informed choices about their education.


However, this period of intense adaptation has been incredibly rewarding. The constant feedback I receive from my colleagues and students has been invaluable. It's a testament to Rochester School's commitment to continuous improvement and professional development. Every suggestion, every observation, fuels my desire to learn more and become a more effective educator within this unique framework. I've learned that teaching isn't about imparting knowledge; it's about creating a space where students feel safe, valued, and empowered to explore their potential. Choice Theory has shown me the power of student agency and the transformative impact of fostering intrinsic motivation.


While the initial adjustment was challenging, I'm grateful for the opportunity to grow and evolve as an educator. Rochester School has not only broadened my understanding of teaching but has also deepened my appreciation for the power of student-centered learning. I am excited to continue learning and contributing to this inspiring educational environment, one choice at a time.

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